Durante décadas, el petróleo representó poder económico y estabilidad para numerosas naciones. Sin embargo, experiencias como las de México y Venezuela muestran que la mala administración, la deuda y los cambios del mercado han convertido al crudo en un negocio riesgoso. Pemex enfrenta pasivos elevados y retrasos con proveedores, mientras que PDVSA atraviesa crisis financieras profundas. La cautela de inversionistas internacionales confirma que la abundancia petrolera ya no garantiza prosperidad y puede transformarse en una carga para las economías nacionales.